Carta a Margot Frank 

Querida Margot:

Si pudieras oírme, te daría las gracias. Por tu paciencia, por tu bondad, por tu lucha interior. Por contribuir a que no cundiera el pánico, a no hacer las cosas más difíciles. Por ponerte en el lugar de todos y no juzgar a ninguno. Por querer saber más cada día. Por cuidar a tu familia y hacerles sentir orgullosos. Por aguantar hasta que fue imposible, por ser fuerte por ti y por todos. Por ser un ejemplo. Por ser humana.

Si pudieras oírme, te diría que estoy convencida de que habrías llegado a ser cualquier cosa que te hubieras propuesto ser.

Si pudieras oírme, te diría: tranquila, ahora estás conmigo y vas a vivir de nuevo. Mi voz será la tuya, y le enseñaremos al mundo que hay cosas que no deberían repetirse jamás, que el pasado está obligado a curar al presente y que, aunque a veces la vida es injusta, el amor no muere, y podemos hacer que merezca la pena.

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